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sábado, 4 de febrero de 2012

Universo

-Te quiero-Pum.Pum.Pum,pum,pum. Las manos me empezaron a temblar y las piernas me flaquearon al pensar en lo que acababa de oír. La cabeza me comenzó a dar vueltas pasando por cada uno de los días que había desperdiciado pensando en él, en todas las historias, cartas... que había escrito por no atreverme a vivirlas en la vida real.¿Tan difícil era? Podría haberle dicho:"Te quiero, me gustas, me importas, eres el centro de mi vida, te amo..." Pero no. Todas aquellas frases creadas con el único apoyo de la noche, mientras empapaba la almohada de lágrimas desconsoladas que anhelaban aterrizar en sus labios no valían para nada. No eran más que letras, pensamientos aprisionados en mi dulce alma enamorada, que me atenazaban la garganta cada vez que pasaba junto a su delicioso aroma y que deseaban ser gritadas a los cuatro vientos, para que todas y cada una de las personas del planeta se enterara de que mi corazón le pertenecía. Corrí lo más rápido que mis piernas me permitían, aunque ahora parecieran más bien pesos muertos, luchando porque alcanzara lo más tarde posible la bonita y perfecta puerta del baño. Desde que las yemas de mis dedos rozaron el pomo de la puerta, me aferré a él y nos encerré a mis lágrimas y a mí dentro.¿Cómo era posible? Le había dicho a su mejor amiga que la quería, a la misma que había declarado mil y una veces delante de todos que no le gustaba, que la quería como a una hermana, cuando sus amigos le insistían preguntándoselo. Me senté en el suelo y lloré y sollocé hasta decargar toda mi frustración. Una vez me hube levantado y enjuagado la cara, alguien tocó a la puerta. Abrí perezosamente, suponiendo que era mi mejor amiga, que acudía a consolarme. En cambio, al apartarla completamente, me topé cara a cara con él. El chico de mis sueños. Tan dulce, listo, divertido, sensible, guapo...Él, como quien no quiere la cosa, cerró de un portazo y me acarició la mejilla tan dulcemente que enseguida pensé que seguramente estaría soñando.
-¿Estás bien? Siento mucho lo que ha pasado-
-¿A-a que te refieres?
- Me refiero a que te quiero. Lo hago ahora, siempre lo he hecho y no creo que deje de hacerlo nunca-
Aparté a mis ojos de los suyos, de una preciosa tonalidad verde, y escudriñé el suelo, como si fuera lo más interesante que existiera en este mundo.
- Pero, eso es imposible. Te oí...Le dijiste que la amabas-Me sonrió como a la cosa más preciada que tenía y dijo:
-¿ No te das cuenta? Estaba practicando para declararme a tí-
- No, no puede ser...-Me alzó la barbilla para que le mirara a la cara
- Aquí tienes una prueba-y lentamente acercó sus mullidos labios a los míos, me dió el beso más increíble que se ha dado nunca y me estrechó entre sus musculosos brazos, para perdernos juntos, en el que desde ahora y para siempre, iba a ser nuestro propio universo de amor

viernes, 3 de febrero de 2012

Carta:

Aparté la mirada, aunque sabía que ya había notado que algo me ocurría. Me conocía desde hacía demasiado tiempo como para no hacerlo. Tenía ante mí a mi mejor amiga. No sabía cuándo nos habíamos conocido, ni tampoco por qué,  pero esas eran simples fechas y razones, que con sus números y letras no tenían la capacidad de definir nuestra amistad. Alcé mi pálido rostro, dando por perdida la batalla, y dejé que se desbordara la presa que llevaba amenazando con hacerlo desde que había acabado de leer la carta. Unas tras otra, las lágrimas fueron sumergiéndose en el fino papel, dejando como único rastro de su presencia, un reguero de tinta negra que aterrizaba gota a gota en mis zapatos pero no dudé ni un segundo, no los limpiaría, dejando atrás el único recuerdo de esa situación. Se acercó tranquilamente, ya que sabía que si se me unía con brusquedad me pondría de mal humor al estar tan sensible
-¿Qué ocurre?-
De nuevo sin mirarle a los ojos, le entregué la carta, ya que no era capaz de expresar con palabras el sufrimiento que sentía al recordar cada una de las afiladas frases que acuchillaban mi corazón. <<Sentimos de verdad su perdida...>>, <<Debido a un terrible accidente...>>, <<derrame cerebral...>>
De reojo, observé cómo sus ojos se empañaban y unas silenciosas lágrimas resbalaban por sus mejillas dejando tras de sí un surco de maquillaje.
-Yo, de verdad...-
-Sí, sé que lo sientes, pero por favor, déjame sola-Sentía mucho cómo la estaba tratando, pero no me quedaba más remedio. Quería sentir mi dolor en paz, sola, sin nadie a mi lado que me escudriñara para averiguar...
Continuará

jueves, 2 de febrero de 2012

Amigos

A veces sentimos que no tenemos nada por lo que valga la pena mirar hacia arriba, y ver el sol que brilla sobre nosotros, que no hay nada que nos acompañe y que nos anime arrastrar nuestras almas en una rutina en la que todo es visto a través de un fino muro de sentimientos, reflexiones y pensamientos que nadie puede traspasar porque nadie alcanza a comprendernos. A veces sentimos que la vida es como un túnel rebosante de oscuridad, que no nos deja ver las piedras con las que podríamos tropezar,  percibir los monstruos que se esconden tras cada esquina, ni deja que un solo rayo de esperanza alcance a nuestro corazón. Pero de repente llega una luz que nos hace ver que no todo está perdido, que nos alumbra el camino, y que si aún así nos caemos nos levantará aunque le cueste la vida en ello. Esa luz, esa alegría sola entre tanta oscuridad, nos acompaña hasta el final, va junto a nosotros a cada paso, nos ayuda a superar cada obstáculo, tanto si es el más difícil de saltar como si es el más minúsculo. Ésa, y sólo ésa, es la que te cuidará durante toda tu vida, la que no te dejará rendirte, la que hará cosas imposibles para hacerte reír desde que atisbe un solo ápice de tristeza en tu rostro. Ésa, y sólo esa es a la que tendrás el placer de llamar amigo, porque solo ella, y digo ella, aunque puede llamarse afortunado el que tenga más de una, como yo, es la que tendrá el privilegio de ser una de las personas más importantes y a las que más quieres de tu vida

Mi libro favorito


Lennie Walker, de diecisiete años, lectora empedernida y fanática de la música, es segundo clarinete de la banda de su instituto. Vive feliz y sin contratiempos a la sombra de Bailey, su impetuosa hermana mayor. Pero cuando Bailey muere repentinamente, Lennie se convierte en protagonista de su propia vida… Y, aunque nunca había salido con ningún chico, de pronto se encuentra intentando compatibilizar a dos.
Toby era el novio de Bailey; Lennie se identifica con el dolor que siente. Joe es el chico nuevo del pueblo, acaba de llegar de París y su sonrisa casi mágica sólo puede compararse con su talento musical. Para Lennie son el Sol y la Luna: uno la saca de su pesar mientras el otro le ofrece consuelo. Aunque, al igual que los cuerpos celestes, si llegan a chocar estallará el mundo entero.
La lucha de Lennie por encontrar su propia melodía, en medio del ruido que la rodea, es un canto al amor y un retrato de la pérdida de un ser querido a partes iguales, sincero en todo momento, a ratos divertidísimo y en el fondo inolvidable.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Vida

Desde que me dejaste, me levanto cada día pensando en que, sin ti, no merece la pena seguir adelante pero al acostarme por las noches llego a la conclusión, después de todo un día de reflexionar, que necesito mi vida sólo para extrañarte porque es de cobardes preferir morir a vivir con este dolor. Yo no soy cobarde, porque éste sufrimiento me mantiene viva, me recuerda que alguna vez te tuve. Aquellos días ya borrosos en mi memoria, aquellos en los que tu olor me embriagaba con sólo pensar en ti, en los que la más breve caricia hacía que me derritiera de puro placer, tan intenso, como el amor verdadero. Pero esos tiempos ya no cuentan, las horas pasan, la gente pasea, va al trabajo, come, ríe…. Eso es lo más extraño de todo ¿Cómo pueden girar la Tierra, alumbrar las estrellas, cuando mi mundo tiene puesto el punto y final? Me recuerda que para la vida en sí, para todo y todos, no valemos nada, no somos más que insignificantes piezas de un interminable rompecabezas, que renueva sus componentes día a día, desechando partes cuando ya no le son útiles, cuando ya no tienen la fuerza para arrastrar sus almas corrompidas cada día y encajarse en el puzle, ese  que, comúnmente, denominamos vida.