Aparté la mirada, aunque sabía que ya había notado que algo me ocurría. Me conocía desde hacía demasiado tiempo como para no hacerlo. Tenía ante mí a mi mejor amiga. No sabía cuándo nos habíamos conocido, ni tampoco por qué, pero esas eran simples fechas y razones, que con sus números y letras no tenían la capacidad de definir nuestra amistad. Alcé mi pálido rostro, dando por perdida la batalla, y dejé que se desbordara la presa que llevaba amenazando con hacerlo desde que había acabado de leer la carta. Unas tras otra, las lágrimas fueron sumergiéndose en el fino papel, dejando como único rastro de su presencia, un reguero de tinta negra que aterrizaba gota a gota en mis zapatos pero no dudé ni un segundo, no los limpiaría, dejando atrás el único recuerdo de esa situación. Se acercó tranquilamente, ya que sabía que si se me unía con brusquedad me pondría de mal humor al estar tan sensible
-¿Qué ocurre?-
De nuevo sin mirarle a los ojos, le entregué la carta, ya que no era capaz de expresar con palabras el sufrimiento que sentía al recordar cada una de las afiladas frases que acuchillaban mi corazón. <<Sentimos de verdad su perdida...>>, <<Debido a un terrible accidente...>>, <<derrame cerebral...>>
De reojo, observé cómo sus ojos se empañaban y unas silenciosas lágrimas resbalaban por sus mejillas dejando tras de sí un surco de maquillaje.
-Yo, de verdad...-
-Sí, sé que lo sientes, pero por favor, déjame sola-Sentía mucho cómo la estaba tratando, pero no me quedaba más remedio. Quería sentir mi dolor en paz, sola, sin nadie a mi lado que me escudriñara para averiguar...
Continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario