30 de Octubre de 1936
Abrí los ojos apresuradamente. Otra explosión. Cada vez se escuchaban más cerca y el temor había empezado a abrirse paso a través de mis entrañas. Intenté calmarme respirando pausadamente pero a los cinco minutos llegué a la conclusión de que sólo estaría tranquila junto a él.
Me levanté y posé, lo más delicadamente que me permitían mis nervios a flor de piel, los pies sobre la suave moqueta. Nada más avanzar un paso, tropecé con algo y caí al suelo produciendo un ruido sordo. Me quedé muy quieta. Lo último que me apetecía a aquellas horas era inventar una excusa para explicar a mis padres qué hacía levantada y mucho menos que mi madre quisiera dormir conmigo para, palabras textuales de ella, “tranquilizar a mi niñita”. Me giré para ver al causante de mi desliz y ¿cómo no?, era una muñeca de trapo que se había caído de mi cama. Lo coloqué con delicadeza sobre la almohada y me dispuse a escaparme por la ventana.
A su lado, se encontraba un roble lo suficientemente cercano como para trepar a él sin hacerme daño. Me asomé. Era una noche despejada, no tendría problema alguno para llegar a mi destino sin contratiempos. Sufría de vértigo, así que dudé, pero el amor mueve montañas y en este caso mi cuerpo dolorido por el golpe. Cogí impulso y salté con todas mis fuerzas. Agarré unas de las ramas más bajas y me deslicé en la hierba del jardín delantero
David vivía en un barrio pobre no muy lejos de mi casa, y el trayecto, ya de por sí no muy corto, se me hacía interminable debido a mis crecientes ganas de observar sus penetrantes ojos negros.
Sin darme cuenta, me encontraba a las puertas de su casa. Sonreí. Hacía tanto tiempo que mis pies trazaban ese camino que a pesar de mi mente distraída habían llegado sin esfuerzo. Rodeé la parte frontal de la vivienda hasta alcanzar una pequeña ventana lateral. Toqué para alertar a David de mi presencia.
Al observar abrirse su ventana entré a su habitación y me acurruqué junto a él. Los latidos de mi corazón fueron ralentizándose y las explosiones pasaron a ser un murmullo de fondo para mis oídos, más ocupados en escuchar sus palabras de aliento.
Al día siguiente, me despedí de él y me fui corriendo a mi casa antes de que mis padres se despertaran.
Mientras desayunábamos, los noté nerviosos y recelosos. No creía que pudiera haber más malas noticias después de que me informaran de que me habían concertado un matrimonio de conveniencia con un tal Javier, pero me equivocaba.
Acabé de masticar y pregunté:
- ¿Ocurre algo?-
Mamá y papá compartieron una mirada de complicidad. Mi padre contestó:
- Cariño, tú madre y yo hemos estado reflexionando sobre tu seguridad y creemos que lo mejor será que nos mudemos a un lugar seguro hasta que la guerra civil finalice.-
- Pero, no podéis hacer eso. Si me voy yo David irá conmigo. No nos separaremos- protesté
- Sabes lo que pensamos de ese chico. No es bueno para ti- dijo mi madre mientras me observaba con un brillo de preocupación en sus ojos
- Ya lo sé, pero da la casualidad que mis ideologías no tienen que ver con despachar a la gente de mi lado, sólo porque no sea de mi mismo nivel social.-
Me levanté y arrastré la silla montando un escándalo a propósito. Salí corriendo por la puerta trasera y me dirigí calle abajo para encontrarme con David. Sus padres, al contrario que los míos, me aceptaban tal y como era, así que no tenía problemas en visitarles cuando me viniera en gana.
Al llegar, para entretenernos, David sacó un volumen de poesía y fue pasando páginas hasta llegar a una determinada. Me lo leyó :
Ida y Vuelta
Mi amor por ti va más allá de la razón
Surca mares, devasta ciudades pero, sobre todo, me engrandece el corazón
Pensar en ti me hace sentir cosas que no habría imaginado sin estar a tu lado
Pensar en ti me hace ser más bondadoso, sincero, atrevido…
Porque te amo más de lo que puedas pensar
Te amo de aquí al Sol… ida y vuelta
No lo podía creer. Ya tenía asumido que no podíamos tener más cosas en común pero tendría que añadir “mismo poema favorito” a la lista. Se lo dije:
-Pero, David ése es también mi poema favorito-
David dejó escapar una sonrisa pícara
-Bueno, eso se supone que significa ser almas gemelas ¿no?-
De repente, un fuerte estampido resonó por toda la casa
-¿Qué ha sido eso?
- No lo sé-
Unos hombres ataviados con atuendo militar irrumpieron en la habitación. El que parecía ser el soldado al mando, tiró de mí y me cargó en su espalda. Intenté patalear pero creo que una pared hubiera sido más fácil de derribar.
El hombre avanzó cual gigante hacia la puerta. David intentó detenerle pero no tenía nada que hacer ante aquel señor.
Ya en la calle, escuché como David me dedicaba el poema. Una silenciosa lágrima rodó por mi mejilla y aterrizó en el desgastado asfalto. Me metieron en un coche.
Todo había ocurrido tan rápido que no advertí que mis padres también iban en el vehículo hasta un rato después de haber comenzado la travesía.
Mi madre al ver que me había despertado de mi semiinconsciencia me dijo:
- Cielo, lo siento de verdad, pero no íbamos a permitirte poner en peligro tu vida por ese chico. Además, tienes prometido-
Estaba aturdida, y como no me veía con fuerzas de discutir, la fulminé con la mirada antes de caer en un profundo sueño.
Al despertar, me encontraba en una sala desconocida para mí. Me incorporé y miré a mi alrededor. Era una habitación con paredes blancas y apenas mobiliario. Exceptuando un armario, un tocador con espejo y la cama con dosel en la que me encontraba en aquel momento.
Supuse que me habían traído a aquella ciudad que tanto había oído nombrar en la radio últimamente, debido a que se la consideraba una ciudad fuera de peligro. Es decir, segura.
Pasados unos meses me encontraba sumida en la miseria, ya que controlaban todos mis movimientos y no había tenido la ocasión de escribir a David.
15 años después 1951
Al salir del funeral de Javier, me puse a reflexionar sobre el poco tiempo que había pasado con él, apenas 15 años. Un accidente de coche le había quitado la vida prematuramente y me encontraba mal por no sentirme tan mal como debería. Lo quería mucho y había sido un gran amigo pero no podía olvidar que eso sólo había sido un matrimonio de conveniencia y que mi alma gemela estaba en alguna parte, probablemente casado y con hijos.
Entré en el coche y me dirigí a mi casa por primera vez, sola.
1 año después 1952
Acabe de servirme la cena y me senté, en mi butaca preferida, a cenar mientras escuchaba la radio. Sintonicé una emisora.
-… bien, entonces, hoy nos has traído un poema ¿no es así?-
-Sí, así es-respondió una voz que me resultaba vagamente familiar
- Bueno, adelante-
- Este poema se lo dedico a mi gran amor. Nos conocimos durante la guerra civil y fue ella quien nos separó. Así, que si me estás escuchando, te hago saber que nunca te he olvidado.
Cual fue mi sorpresa al escuchar el poema que no había logrado olvidar en 16 años
No daba crédito a sus palabras. ¿Sería él? ¿David? ¿Era simplemente una coincidencia? ¿O, en cambio, era el destino que nos unía de nuevo? Mañana iría a la emisora y lo averiguaría.
Al día siguiente, al llegar y al divisar su silueta a través del cristal, no tuve duda de que era él. Empujé la puerta para entrar. La secretaria intentó detenerme pero yo no atendía a razones e irrumpí en la sala. Él, al verme, avanzó corriendo hacia mí, me alzó en volandas y me besó.
-Sabía que leer el poema daría resultado- me dijo, sin soltarme en ningún momento
- Sí, bueno, te escuché y no pude resistirme a venir- le contesté y solté una risita tonta
Él me abrazo, enterrando su rostro en mi cabello
- Te quiero-soltó. Sonreí.
- Yo también. De aquí al Sol … pero eso sí … Ida y Vuelta
- Bueno, amigos. Con este acontecimiento inesperado, me despido. Fin de la emisión
Fin
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